Un día muy caluroso decidí ir a un supermercado por un refresco. Nada fuera de lo común.
Llegué a la caja con los brazos llenos de compras (sí, no me pude a resistir con sólo salir con el refresco) y cuando ya había pagado me percaté de algo: ya no me quedaban brazos para recibir el tiquete de caja por parte del cajero.
Yo ya me estaba inventando como acomodar todo para recibir el tiquete con la mano o tratando de ver de dónde podía sacar una tercera para no dejar perdido el tiquete.
Y así sin quererlo, me llevé una clase magistral de creatividad:
El cajero con ese conocimiento que sólo la calle y la astucia da, no me dio en la mano el tiquete de caja, si no que aprovechó que la botella de refresco estaba húmeda (hacía mucho calor, recuerden) y lo adhirió directamente a la botella.
Mi cara fue como si hubiese hecho un truco de magia.
El sólo me dijo con una sonrisota pícara: "Buena idea ¿no?"
Yo, sin palabras, solo me reí muy duro.
¿Qué aprendí del cajero?
- La creatividad no involucra creación per se, involucra ver los problemas desde otro punto de vista.
- La creatividad puede (y debería) aspirar a resolver problemas.
- Si nos atrevemos, todos podemos innovar sin importar la posición en la que estamos.
- Si pensamos diferente podemos alcanzar más con lo que tenemos a nuestro alcance.
...y yo que sólo fui por un refresco y salí con una Master Class...